domingo, 12 de abril de 2026

Relato: El terror dorado que vino del exterior

Hace unos años tuve un sueño de esos que te hacen despertarte sobresaltado, empapado en un sudor frío, temblando. Por suerte llevaba en aquel tiempo un diario de sueños pormenorizado. Me apresuré a dejar por escrito mi experiencia onírica. Días después, ya pasado el susto inicial, cogí mis notas y compuse este relato. Espero que te guste o al menos que te entretenga.

Vagar fantasmal

"No te detengas. Corre a cubierto. El resplandor dorado del cielo ha descendido sobre nuestros tejados y la muerte le sigue."
— Erthang Evenen
Terrores Nocturnos

El instinto y sobrevivir al siguiente minuto es lo que nos mueve a todos. Nos movemos como fantasmas de estancia en estancia, de pasillo en pasillo. Rehuimos las terrazas soleadas y perseguimos la sombra de los interiores ignotos bajo los oscuros tejados de la ciudad blanca. Todo es gris en esta penumbra ensabanada que nos hace mirar sobre el hombro y temer a cada instante. Digo ensabanada, aunque quizá no exista tal palabra, porque a cada paso nos topamos torpemente con colgaduras blancas polvorientas que continúan apareciendo sala tras sala, corredor tras corredor. Anunciadoras algunas de la presencia de espacios expuestos al espantoso cielo. Al terror del exterior. Perseguimos las rutas más abiertas que nos permitan elegir si es posible seguir a cubierto del pavor y la muerte que aguarda fuera. Pero del continuo huir y del poco pensar, nadie conoce bien el camino más seguro, pues los habitantes de las casas que recorremos ya han escapado o muerto. Más no hemos de temer encontrar sus cadáveres estáticos si no es allá a la luz del sol. A donde no queremos ir si podemos evitarlo.

Separación

En situaciones como la nuestra, la gente tiende a permanecer en grupo y raro es el que gusta de permanecer solo. Pero el aturdido trote de un grupo de diez o quince personas no puede menos de atraer la atención de nuestros perseguidores, de los cuales sabíamos que algunos habían descendido para obligarnos a salir a descubierto. Así que un conocido y yo nos quedamos rezagados y aguardamos el momento propicio para separarnos del grupo. No nos costó mucho concentrados como estaban en escapar a toda costa. Lo hicimos en una encrucijada de corredores. Sin decir palabra nos detuvimos y tras comprobar que nadie se había percatado de nuestra ausencia, buscamos una ruta perpendicular a la que seguía el grupo principal, por la que pensamos que no transitarían los rastreadores. Esperamos sin decirnos una palabra manteniendo una respiración lo más queda posible esperando ver pasar a alguien. Permanecimos sin movernos lo que nos pareció una hora y todavía nos resistíamos a salir de nuestro escondrijo. Los dos sabíamos que teníamos que movernos o tarde o temprano detectarían nuestra presencia y acabarían fácilmente con nosotros. No se escuchaba nada. Probablemente el nuestro había sido el último grupo de supervivientes de esa zona de la ciudad. Nos aterrorizaba avanzar para encontrarnos con algún rastreador o con un grupo numeroso de ellos. No sabíamos cómo eran porque nadie los había visto y había vivido para contarlo. Mi compañero me hizo un gesto en dirección a un pasillo algo menos oscuro que en el que nos encontrábamos. Apartamos las colgaduras y avanzamos despacio. La claridad fue aumentando a medida que transponíamos cortina tras cortina, hasta que fue evidente que nos acercábamos a una terraza sombreada. Escuchamos temerosos de levantar el último lienzo que nos separaba del cielo abierto. A juzgar por la luz que nos llegaba por una rendija, debían de ser las cuatro de la tarde. Confiados en que la sombra cubriría nuestra presencia al menos un instante, decidimos que uno de nosotros debería salir sin despegarse de la pared en umbría, mientras el otro retrocedía unos pasos para no ser visto en caso de que el otro cayera. Lo echamos a piedra, papel o tijera. Perdí yo, así que hice de tripas corazón y aplicando un ojo a la rendija por donde entraba la luz, miré afuera. Temeroso de mover la tela y delatar mi presencia, esperé a que mi vista acostumbrada a la oscuridad se adaptase. Tuve la precaución de cerrar el otro ojo, por si debíamos huir rápido por el giboso laberinto interior. Y entonces vi nítidamente que estábamos al borde de una pequeña terraza que daba a la parte norte de la ciudad.

El plan

Sabíamos por lo que decía la gente que el mal había descendido sobre la parte alta de la ciudad blanca, propagando la muerte rápidamente en todas direcciones con sus certeros dardos. Esperando que no se hubieran desplegado todavía por las zonas más bajas de la ciudad, determiné que la mejor ruta para aumentar las posibilidades de sobrevivir era el lado norte de la ciudad en cuyo punto descendía abruptamente hacia el valle. Y allí abajo estaba la tierra más agreste, con hondonadas cuyas laderas estaban preñadas de cuevas, y más allá quebradas por las que transitar ocultos de los caminos. Y lo que es más. Si íbamos en esa dirección, las profundas calles nos ocultarían hasta que lográsemos llegar al valle. Descubrí enseguida, que la pared que daba sombra a la terraza era alta, pues por encima de nosotros había un piso más. A eso se añadía que la terraza era lo suficiente pequeña como para no ser vistos desde las alturas, incluso si decidíamos descolgarnos por ella a donde quiera que eso nos llevase. Cerrando el ojo acostumbrado a la luz, volví dentro y abrí el otro. Indiqué por señas a mi amigo que era seguro salir y él me siguió no sin visibles reparos. También él atisbó con recelo la aventurada bóveda celeste con su desacostumbrada hostilidad, igual que lo había hecho yo. Comprendió enseguida lo que me proponía, más si cabe cuando al retornar me encontró improvisando una cuerda con los colgajos más sólidos que pude reunir.

Pertrechados de ese modo para nuestra fuga, escudados de miradas no deseadas por el alto muro, nos asomamos para decidir por qué lado de la terraza era más conveniente descender. Nos hallábamos rodeados por casas en todas direcciones y lo peor es que desde nuestra posición no pudimos discernir por qué lado llegaríamos antes a la calle. Convinimos en que descender a un tejado para andar por él, sería cuanto menos arriesgado. Se decía que el enemigo tenía una visión perfecta, pero que su oído era incluso mejor. Si rompíamos una teja o tropezábamos, estábamos acabados. Observamos entonces un minúsculo patio descubierto que habíamos pasado por alto hasta entonces, al estar prácticamente cegado por una exuberante vegetación. Confiando en que quizá la casa tendría puerta a una cercana calle, nos aprestamos a bajar. Aquel patio apestaba a abandono y lo que nos había parecido una vegetación exuberante, era un montón de plantas grisáceas dejadas desde hace mucho a su libre e insano crecimiento. Las enredaderas habían cubierto las paredes formando una pátina escurridiza en algunas zonas, y abigarrada de ramas en otras, haciendo nuestro descenso peligroso. Pero rompernos la crisma tratando de huir era lo que menos nos preocupaba. Ya abajo buscamos una salida cercana a la salvífica calle, pero por más que la anhelamos, no la vimos, como tampoco ventanas por las que pudiésemos salir de allí. Las que hallamos eran demasiado pequeñas o tenían sólidas rejas.

La casa de labor

En nuestra exploración inicial de la casa no encontramos nada destacable, a excepción de su descomunal tamaño. Optamos pues por dirigirnos a los corrales, donde nos topamos con el primer indicio de la invasión. La parte habitable de la casa daba muestras de haber sido utilizada por muchos años y de pasar por varias renovaciones y diversos cambios para adaptarse a la vida moderna. En cambio las cuadras y los corrales se conservaban tal como habían sido construidos, quizá a mediados del siglo XVIII o a principios del XIX. Las paredes eran de tapial, casi todas ellas enteramente de tierra y paja. En una de las primeras cuadras observamos un gran boquete que daba muestras de haberse practicado recientemente. Parecía que un grupo numeroso de supervivientes, en su intento por seguir avanzando, había descubierto desde la casa contigua una debilidad en los muros y había abierto un agujero inicial que a costa de afanarse habían logrado ensanchar, lo que ocasionó el derrumbe de buena parte del muro de una de las cuadras de nuestro lado. Supimos enseguida que había sido cosa de los supervivientes, porque localizamos el cuerpo de uno de ellos semi enterrado entre los escombros. Su cabeza aparecía parcialmente aplastada. Al parecer, partes del muro habían sido reforzadas con piedra y ladrillos que al derrumbarse habían caído sobre el infortunado. A juzgar por el desprendimiento era increíble que solo hubiese habido una víctima. Nos paralizó el miedo al caer en la cuenta de que el ruido del derrumbe podría haber alertado a nuestros enemigos que nunca andaban demasiado lejos allá arriba. Debíamos movernos despacio y permanecer aún más alerta en adelante.

A pesar de que era obvio que las cuadras no daban cobijo a animales desde hacía bastante tiempo, la casa debía haber sido propiedad de una familia muy rica que había obtenido su fortuna en el negocia de la agricultura y la ganadería. La cantidad de cuadras y las dimensiones de las mismas tan enormes no se explicaban de otro modo. Ninguno de los dos eramos expertos en la materia, pero allí parecía haber espacio para centenares de animales. No nos dimos mucha prisa en continuar y exploramos a gusto el lugar, hasta que oímos el grito. Tanto yo como mi amigo nos miramos pensando si aquello había sido producto de nuestra imaginación a causa de nuestro prolongado estado de vigilancia continua. Pero pronto resonó otro grito, y otro más, que nos hicieron comprender que no era así.

El horror inmóvil

Los alaridos provenían de un lugar muy cercano. No tuvimos que avanzar mucho para comprobar consternados que un grupo numeroso de personas, probablemente el que había hecho el agujero en la pared de la cuadra, se agazapaba en la zona de cercana a los corrales, los cuales no habíamos explorado todavía. Se hallaban a cubierto en la última de las cuadras, la más grande que habíamos visto hasta ese momento, que daba a la zona de palomares, gallineros y conejeras por un largo y estrecho patio descubierto. En el fondo, a no más de cincuenta metros de donde estábamos, se veía un porche que cobijaba los dos grandes portones que constituían la única entrada y salida de la casa. No comprendimos el motivo de los gritos hasta que dirigimos nuestras miradas al punto más estrecho del patio que estaba flanqueado por el barranco, donde se depositaban las basuras orgánicas, y la encina, lugar donde se apilan los sarmientos y cepas para el fuego, de la casa. Allí vimos con horror que había dos personas como paralizadas de pié. Nuestro temor se acrecentó cuando comprendimos que estaban muertas y que mantenían esa morbosa posición vertical porque las mantenían sujetas sendas lanzas que después de haberlas atravesado acabando con sus vidas, se habían hincado en el suelo con firmeza. Aquel instrumento de muerte, dorado y bien bruñido, goteaba abundante sangre que se acumulaba en el suelo formando negros arroyos malsanos bajo las víctimas. Una de ellas había sido atravesada por el cráneo y la otra por nuca y pecho. Los difuntos de esta manera alanceados se convertían en expositores de muerte que infundían un espanto demencial entre los que quedábamos con vida. En la mayoría de las ocasiones, los supervivientes que compartían estas experiencias, si querían vivir se veían obligados a correr sorteando a sus compañeros fallecidos en esas horribles posturas. Este "modus operandi" de los atacantes conseguía anular el pensamiento racional de la gente, quedando limitados a las decisiones del instintivo cerebro de reptil que subyace en la parte más profunda del encéfalo humano. En estas condiciones nadie podía planear una estrategia para combatir a estos atacantes desconocidos. Las posibilidades entonces se reducían a correr y vivir o correr y morir. No cabía otra alternativa.

Mi amigo y yo, atónitos por nuestro descuido, comprendimos abatidos que en nuestra lenta exploración no nos habíamos percatado de que habíamos virado hacia el oeste, casualmente hacia una zona de tejados bajos que nos dejaba a la merced del invasor en plena línea de visión con la parte alta de la ciudad. Ahora el grupo había sido detectado y poco importaba que no contasen con mi presencia o la de mi amigo. Pensando que podríamos necesitar en algún momento practicar otro descenso, habíamos descolgado la improvisada cuerda y la habíamos traído con nosotros, de suerte que ahora resultaba imposible volver sobre nuestros pasos para probar otra ruta más propicia. Nuestra única oportunidad ahora, de hecho la de todas las personas allí reunidas, era esperar sobrevivir confiando en nuestro número. Eramos treinta o cuarenta. Aunque el enemigo era rápido, no podrían acabar con todos nosotros si atravesábamos deprisa la corta extensión de patio hasta el porche. Estaba claro que algunos moriríamos y que aquello no era más que una sangrienta lotería. La solución no era otra que correr todos con un cierto orden y separación, hasta el amparo del porche y quizá a la redención tras aquellos portones. Allí estaba con seguridad la calle y los altos muros nos protegerían a todos los que lográsemos sobrevivir. Pero nadie podía volver atrás. Si dudábamos aunque solo fuera un instante, nos exponíamos a morir todos. Así que hicimos un pacto y echamos a correr.

¡Corre!

A pesar de nuestra creciente curiosidad por conocer el aspecto de los invasores, no podíamos volver la vista atrás ni asomarnos desde el porche para otear en su dirección. Eso quedó claro en cuanto empezamos a correr. Cuando alcanzamos la posición del primer muerto, las lanzas doradas llovieron oblicuas sobre nuestras cabezas y ninguna falló su objetivo. A izquierda y derecha se extendía la mortandad y los afectados quedaban ensartados e inmóviles, agonizando o ya muertos. Antes de que los primeros llegaran salvos a cubierto del porche, un tercio de nosotros había caído y cada uno de ellos se convertía en un obstáculo para la salvación de los demás. A mi lado perdí en un momento de vista al que hasta entonces había sido mi amigo y compañero. No pude siquiera mirar atrás y no fue hasta que yo mismo estuve a cubierto que torné la cabeza y lo vi. Me devolvió la mirada con una mezcla de tristeza y alegría. Una lanza le había atravesado el estómago. Aún estaba vivo. Pero no había esperanza para él, pues nadie podía salvarlo. Al llegar al portón acaeció lo más desagradable de todo aquello. Oímos como ruido de flechas a nuestras espaldas mientras luchábamos con el cierre y la tranca. Mas no vimos ninguna flecha ni nadie calló herido debido a ellas. Los ruidos provenían de unos hilos muy finos al tensarse y posteriormente contemplamos impotentes como nuestros caídos volaban por los aires. Estaban siendo recogidos.

Entonces, ya cerca de la libertad, sentí una punzada de orgullo y no pude por menos que contemplar a aquel que había segado la vida de tantos y ahora los estaba recogiendo como el que recoge su cosecha. Porque nuestro atacante era uno solo, allá en la lejanía de la altura despejada. Lo vi tan solo un momento, pues noté que a su lado tenía un gran carcaj con muchas más lanzas y al verme dejó caer sus mortales restos y cogió una lanza con cada mano. Pasó todo muy rápido, en un instante, pero todavía lo recuerdo como si hubiera sucedido ayer. Las lanzas silbaron cerca una después de la otra y al verlas de frente, no sé como, pues eran rapidísimas; logré esquivarlas a las dos, y tras sostener su mirada un momento, volví al resguardo del porche. A continuación salimos, los que quedábamos con vida, a la calle y nos desperdigamos en grupos de dos para maximizar nuestras posibilidades.

Sólo un puñado de nosotros conseguimos llegar a la espesura del valle y vivimos para contarlo. La ciudad blanca es desde entonces un pueblo fantasma, porque ninguno de los supervivientes ha querido volver. De ellos, el único que los vio y les plantó cara fui yo, aunque no conseguí acabar con ninguno de ellos y únicamente pude salvar el pellejo escapando. Muchos años han pasado desde entonces. Cuantas noches he despertado empapado en sudor, por haber revivido aquellos momentos en sueños, tratando de convencerme de que aquello ya acabó. Yo los vi. No eran de este mundo, aunque tenían forma semejante a la humana. Pero eran más altos y todos los que vi tenían la cabellera rubia. Como dorada era su armadura de escamas que refulgían como el fuego y blancas sus ropas. Dorado el casco y las grebas, así como sus armas, las mortíferas lanzas. Nunca supe cómo descendieron del cielo ni por qué. Solo puedo decirte que si ves que algo ha descendido sobre tu tejado y ves dorados dardos segar las vidas de los que te rodean: No te detengas. Corre a cubierto…​

lunes, 15 de enero de 2024

QRP Vs QRO

 


Domingo...ea4bns@hotmail.com


También....EA4BNS@winlink.org


EA4BNS@ED1ZAC.EAC.ESP.EU










Asunto: QRP Vs QRO


El caso es que esta yo la otra tarde en uno de los fantásticos repetidores que integran la red española de VHF y UHF, cuando salio un curioso debate en el aire,

me van a permitir que me reserve tanto el nombre como el indicativo del colega

aludido, con el fin de no herir sensibilidades.


Más o menos paso lo siguiente, este amable colega se quejaba de los operadores que

solemos salir en QRP y en CW en las bandas de HF, decía que más que radio, hacíamos sufrir -él lo llamaba penaero- con nuestra baja al resto de corresponsales que nos

escuchaban debido a nuestra baja potencia, que lo suyo era salir con una buena antena

y con la máxima potencia posible disponible en la estación.


Les diré que estoy de acuerdo en utilizar de la mejor antena posible, pero que de eso depende tanto del lugar donde se vaya instalar esa hipotética antena como de la capacidad económica -que en muchos casos no suele ser mucha- del operador que la vaya a instalar.


En cuanto a la potencia dije yo, un operador QRP se enfrenta a múltiples dificultades,

entre las que se encuentran un mayor reto a la hora de operar su estación.


Luego pueden pasar dos cosas.


1º Que su transmisión no sea escuchada y tenga que esperar mejores condiciones de propagación.

2º Que su débil transmisión sea escuchada por algún -gigavatico- operador y este haga caso de la misma.


Estos dos son los -perjuicios- que podemos aportar los operadores QRP en una banda de HF.


Veamos ahora los auténticos perjuicios de la operación en QRO.


1º El ancho de banda ocupado, el operador QRO se comporta como elefante en una cacharrería, splatter, barbas y ruidos -QRM- en las frecuencias adyacentes, haciendo del todo imposible el resto de comunicaciones en dichas frecuencias.

2º Normalmente y esto ya si es mi opinión, el operador QRO, suele ser más sordo que una tapia, ya por que en el sitio donde viva haya mucho ruido o bien por que la antena del colega, no sea ni la más adecuada, ni la más ideal, al no escuchar empieza su transmisión, con lo que pasamos de nuevo al punto número 1.


En fin podrán ustedes estar de acuerdo a no, con estas afiirmaciónes, pero lo que queda del todo claro, es que una una transmisión QRP, puede parecer a priori algo desgradeble a la vez que satisfactoria, en cambio una operación QRO puede resultar perjudicial, dañina y en ocasiones hasta aburrida.


El presente articulo esta publicado en:


https//ea4bns.blogspot.com/


BBS: telnet ed1zac.net 6300



72 de Domingo.

jueves, 6 de abril de 2023

Crisis emocional (LV - XXV)

Svetlana andaba inquieta de un lado a otro en el ala de ejercicio del ZULO. Se había ido allí para estar a solas y poner sus ideas en claro. Presentía que algo andaba mal pero no sabía qué. La sensación que tenía era como cuando, en una película, los efectos especiales no terminan de funcionar y el cerebro te dice que lo que estás viendo no es real. No terminaba de asimilar lo que le acababa de decir Rhyst. Simplemente, no podía creer aquello y se resistía a aceptarlo, a pesar de que la evidencia era demoledora. Pero no podía ser cierto. Aprovechó la soledad y dejó, por primera vez desde el funeral, que sus emociones la dominaran. Sus hombros acompasaron sus sollozos. "Me siento tan sola", pensó. Era verdad. Había pasado los días rodeada de gente amable y considerada. No la habían dejado sola más de lo estrictamente necesario y se sentía muy arropada. Ello sumado a que había procurado estar ocupada todo el tiempo posible, la mantenía como drogada y prácticamente carente de emociones. Pero la ausencia de David pesaba demasiado en su corazón y no podía evitar sentirse sola. Solo había estado retrasando el duelo. "Es tan injusto", pensó, recordándolo todo de repente. Se dejó caer de rodillas, se hizo un obillo en el suelo y se permitió llorar. Su cuerpo tembló y maldijo en voz queda, golpeando con el puño en el suelo. Le hubiera gustado gritar.

Al cabo de un rato se levantó, se recompuso como pudo y arrancó con paso decidido hacia el despacho de Dany.

Los últimos días de David habían sido una pesadilla para ella. No le dejaron verle en ningún momento y sin embargo conocía la gravedad de su estado. Aquello supuso una de las pruebas más difíciles de su vida. David pasó sus últimos días en la UCI, desde su ingreso en el hospital hasta su fallecimiento. Únicamente Dany tuvo acceso a él en esos días y le acompañó en su última hora. Aun cuando le dieron la noticia a Sveta de que había muerto, todo lo que pudo ver fue un ataúd cerrado. No se separó del féretro apenas ni un momento hasta el entierro. El tanatorio estuvo todo el tiempo abarrotado con compañeros y amigos. Recordar esos momentos la ponía triste y al mismo tiempo furiosa. Le hubiera gustado despedirse como es debido, pero no se lo habían permitido. Ella insistió en que le daba igual el aspecto que tuviera, pero sus quejas fueron en vano. Dany zanjó el asunto diciéndole que era mucho mejor para ella que le recordase como era cuando estaba vivo. Después de todo ella no era de su familia y no pudo reclamar en el hospital. Pero Dany tampoco lo era y a él le dejaron verle. Ese hecho la perseguía desde entonces y la enfurecía.

Al llegar ante la puerta del despacho estuvo tentada de aporrearla. Decidió que no estaba para ceremonias. Abrió y se coló dentro. Dany estaba absorto en un informe, sentado a su mesa. Sveta se acercó y dió un golpe en la mesa con el puño cerrado para llamar su atención. Dany dio un respingo y estuvo a punto de caerse de la silla.

—Cuéntame otra vez lo que te dijo David antes de morir.

Dany la miró un momento y volvió su atención al informe.

—¿Es que no sabes llamar?

—Mira Dany, ¡no me jodas! ¡Que no está el horno para bollos! ¡Habla de una puta vez! "Hijo de puta", quiso añadir, pero le falló la voz.

El agente la miró brevemente. Por un momento la habitual rigidez de su cuello y hombros cedió un poco al tiempo que suspiró.

—No tengo tiempo para esto. —Dejó los papeles a un lado y rebuscó en los cajones de su escritorio. Al cabo de lo que a Sveta le pareció una eternidad, extrajo una cajetilla de tabaco y un mechero. Le ofreció un pitillo, que ella rechazó. Entonces puso toda su atención en encenderse uno para él. Todo en él denotaba una visible incomodidad y poca disposición para escucharla. Pero tras un par de caladas pareció serenarse y armarse de paciencia. Llevaba años sin fumar, pero debía necesitarlo. —Dime, ¿qué ha ocurrido?

Sveta se dejó caer en la silla. De repente se sentía cansada.

—T-todo este tiempo —empezó— me había consolado la idea de que David se había sacrificado para conseguir esa dichosa tarjeta SD. —Apoyó los codos en la mesa.

—No debes pensar en eso. Él solo era un hombre que creía en lo que hacía y cayó sirviendo a este país. Conocía de sobra los riesgos. Debes recordarle por lo que era, no por nada relacionado con la misión.

"¿Es posible que sea tan frío como aparenta?" Se preguntó. —Los datos de la SD no están completos —atinó a decir—. Faltan los códigos maestros. Me lo acaba de comunicar Rhyst.

—¿Qué dices?

—Lo que oyes —dijo. "Cabrón altanero y gélido hijo de puta", quiso decirle, pero se contuvo y solo lo pensó—. Está incompleta. Y eso no es todo. Hay rastros de que esos códigos estuvieron ahí. Alguien se ha esmerado para borrarlos. No solo los ha borrado, ha sobreescrito el espacio que ocupaban en el disco con "X".

—¡Mierda, mierda, mierda! —Dany hizo una pausa para pensar y dió una profunda calada a su cigarrillo. —Bien. Lo importante es que ahora lo sabemos. Mira, Seveta, tenemos el mejor equipo y la mejor gente. Encontraremos la manera de pararles los pies a esos dos y haremos que todo esto haya valido la pena. Lo más importante es que que les hagamos pagar caro todo el mal que han hecho. ¿No crees?

A pesar del exabrupto, Dany no parecía sorprendido. Para Sveta, esa certeza, fue un aldabonazo de confirmación para todo lo que le había estado rondando la cabeza. "No sabe mentir, a pesar de las ganas que le pone el tío. Está claro que lo sabía. Lo sabía! ¿Pero cómo es posible?".

—Yo ya no creo nada —respondió visiblemente abatida.

—Intenta calmarte… —Dany fue a sacudir la ceniza que se había acumulado en su cigarrillo, cuando recordó que no tenía cenicero.

—Hay algo más que quería decirte —añadió Sveta.

—¿El qué? —Dany tomó una hoja de papel y empezó a plegarlo aquí y allá. Estaba tan absorto en esa tarea que Sveta decidió aguardar a que terminara. Él notó notó el silencio y la miró un momento, —Adelante, te escucho. —Enseguida volvío a poner su atención al siguiente doblez sacando un poco la lengua en señal del esfuerzo.

Sveta no sabía decir si aquello era una pose para restarle importancia al asunto de la tarjeta SD, o si Dany tenía un lado infantil que hasta ahora no había tenido oportunidad de presenciar. Fuera como fuese, aquello agotaba su paciencia, pero se contuvo a base de voluntad.

—Estás tan tranquilo, siempre tan sereno. Casi nada te altera. Tan confiado… que crees que puedes manejarlo todo tú solo y que los demás estamos ciegos. Pues bien, no creas que me engañas. Aquí hay algo que no me cuadra. Y mira, Dany, no soy la típica niña tonta. Soy una agente especial de inteligencia. Desde hace tiempo vengo sospechando que me ocultabas algo. Ahora, no me preguntes cómo, sé que me ocultas algo. No tengo la más remota idea de lo que es, pero no puedo seguir con esa duda. Ya es hora de que lo compartas, al menos conmigo. ¿No crees?

Dany sonrió ligeramente sin mirarla y realizó el último doblez. Sveta frunció el ceño confundida. No podía saber si Dany sonreía porque consideraba ridículo lo que acababa de insinuar, o simplemente por lo orgulloso que se sentía de lo bien que le había quedado el cenicero que acababa de fabricarse. En cualquier caso, aquello no le gustó un pelo, pero se mantuvo a la espera de su respuesta sin decir nada.

Dany depositó un poco de ceniza en su improvisado cenicero, apagó el cigarrillo en la suela del zapato y tiró la colilla a la papelera. Al volver su mirada a la severa expresión de Sveta, recuperó su habitual rictus de seriedad, fingida o real.

—Si de verdad hay algo que os he ocultado, lo sabréis en el momento que yo estime oportuno. No antes. Ah, y espero que entiendas que esta actitud no puede repetirse. No tenemos tiempo para histéricas. Y ahora, sé buena y ve a arreglarte un poco. Estás horrible —le espetó de forma cortante, sin un atisbo de humanidad. Y sin darle tiempo a contestar, salió de su despacho cerrando la puerta tras de sí.

Sveta no derramó más lágrimas. Se dirigió lentamente a la puerta con una punzada de rabia y de dolor al mismo tiempo.

—Ajustaremos cuentas con esos dos muy pronto —añadió Dany antes de que Svetlana saliera y cerrara la puerta tras de sí.

martes, 30 de noviembre de 2021

Cliente linux para servidor DVSwitch

 


Con este tema he dado más vueltas que los cordones de la zapatilla de un romano y la verdad que después de descubrir como se hacía la cosa, ahora a toro pasado me parece fácil, eso sí a toro pasado.

Al turrón...

Lo primero que hay que hacer es lo siguiente:

Descarga y descomprime la siguiente carpeta:

https://github.com/DVSwitch/USRP_Client/archive/master.zip

La carpeta se llama USRP_Client_master y contiene cinco archivos: pyUC.ini, pyUC.py, README.md, setud.py y test.md

Después en un terminal ejecute lo siguiente:

sudo apt-get install python3-pyaudio



sudo apt-get install portaudio19-dev



sudo apt-get install python3-pil.imagetk


Una vez hecho esto, desde la terminal, dentro de la carpeta USRP_Client_master

nano pyUC.ini

Edite lo puesto en negrita...

myCall = INDICATIVO      ; You callsign

subscriberID = Tu IDE        ; Your DMR/CCS7 ID

repeaterID = Tu IDE            ; Your repeater ID

ipAddress = 192.168.1.XXX       ; IP address or hostname of DVSwitch Server (AB)

usrpTxPort = 46001          ; Port on which AB is listening

usrpRxPort = 46001          ; Local port to listen for packets from AB

*El puerto que viene por defecto es el 46001, si usted tiene otro cámbielo...

Una vez hecho esto:

Dentro de la carpeta USRP_Client_master ejecute:

python3 pyUC.py

Y ya esta....

73 de Domingo....



jueves, 16 de septiembre de 2021

Without CW it's just CB

Aparte de mi faceta como radioaficionado, debo destacar que soy un radio-escucha cuasi compulsivo, hay veces que no estoy muy por la labor para eso de darle a la tecla (manipulador) y me entretengo escuchando QSO entre colegas afín de captar algún DX o alguna que otra charla interesante, hace ya algún tiempo escuche un QSO standar en telegrafía y lo apunte en mi libro de guardia, más tarde compruebo a través de qrz.com si los datos recogidos "a oído" son correctos y ese día vi una cosa que me llamo la atención, aquel fulano lucia una camiseta en la que en ingles se podía leer "Without CW it's just CB" que en cristiano viene a decir "Sin telegrafía es solo Banda Ciudadana".

Bueno si y no, debo de confesar que he escuchado QSO en banda ciudadana bastante interesantes y lo contrario, cosa que también me ha pasado en cualquier banda "Ham" sobre todo en la banda del  "telefonillo" léase banda de 40 mts. 

Kilovatios a tuti plain...

Y llegados a este extremo, quiero comentar una "practica operativa" que últimamente vengo observando, nos ponemos en situación. Usted amigo mio, esta dando un "paseo" por la banda y escucha a una estación patria llamar CQ que no CQ DX, con unas señales que los más bizarros calificarían de "Troncha agujas", usted con toda la buena voluntad del mundo sale y contesta a la llamada, más que nada para intentar mantener una alegre y amena charla con esa "poderosa" estación, pero lo que usted no sabe, mi querido lector, es que lo único que quiere el operador de esa estación es su mero control y sus admirados halagos, por lo bien que sale y se escucha la criatura, tras un par de cambios y de una forma velada este corresponsal lo despedirá de una forma más o  menos cortés y a otra cosa mariposa.

La otra noche confieso que me porte mal, había dos estaciones en QSO, su tema principal y único era lo bien que salían los dos:

-Ahora mismo en antena, un kilovatio, me llegas 9+40 y con un radio "broadcasting"...

-Lo mismo te digo, aunque yo salgo con un kilovatio y medio, radio "super-stero", tu señal algo más baja 9+30 (y es que en algo se tienen que notar los 500 vatios de menos).

Esto que se resume en dos frases, les llevo sus buenos 15 minutos, en fin que mientras hablaban subi tres kilociclos arriba y acople la antena, baje la potencia a cinco vatios, y llame....

Buenas noches, dije yo...

Buenas noches me contesto el primer corresponsal, tu radio es bueno señal 9+05 (así cero cinco) el radio es bueno, ni "broadcasting" ni "super-stero" bueno...

El otro contesto más o menos lo mismo, y yo por mi parte pase un un control a ambos,  de lo más normalito, buenas señales y radios perfectamente legibles (sin alabanzas, ni florituras del tipo "broadcasting" o "super-stero"...

Y luego les dije mis condiciones de trabajo, dipolo de media onda y CINCO vatios en antena...

¡CINCO VATIOS! Ok, gracias por los controles, respondió uno de ellos, gracias por el QSO y 73, dicho esto retomaron su vacua conversación sobre kilovatios y  lo bien que sonaban sus transmisiones y un servidor muerto de risa, se fue a la cama... 

Y es que en este caso aquel colega, creo que Gales acerto con aquello de: Without CW it's just CB