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domingo, 29 de junio de 2014

Del asalto a la hortelana Filomena por camino Villacañas y del mal final que encontraron los salteadores en el encuentro con Melquiades.

Navarapida
-¿ Cerraste la puerta de la casilla?. - Iba preguntando la hortelana Filomena al mozo Cazuela yendo por camino Villacañas-.
- Si, le di dos vueltas a la llave.

El anochecido sereno dejaba ver la puesta de sol. Subidos venían en el carro tirado por la mula "Carbonera", con algunas cestas lleniticas de tomates, judías verdes, alcachofas y algunos melones chinos de lengua pájaro. Aquel día, se habían estado en la huerta, mientras la Isabel, madre de la Filomena pasando la jornada se anduvo por la casa del Hondillo y la plaza del mercado por ser jueves.
Cazuela y la hortelana por la tarde estuvieron dedicados en regar las eras y tablares de la huerta, habiendo dejado llena la arqueta de agua sabiendo del gusto de los que por allí pasaban de dar de beber a las mulas y borricos.
-Todavía no me has contado de los que estuvieron aquella noche de casquera sobre escritura en el mesón de la Chela...- Volvía a la plática Filomena-.
- Na... Bien... Allí estuvimos.- Explicaba el chico-.
- Una vecina de la calle Tahona estuvo en casa a por tomates en sal.., contó que debiste rondar mucho..
- Unda.., na..
- Y que saliste de casa de la vecinilla de la tienda muy temprano, o muy tarde, según se mire el sol..
- Na...

En este converse estaban, pasando a la altura del palomar de la tía Pilar de "Cuatrojos", mientras la mula movía las orejas tiesas de un lado a otro y el carro continuaba su traqueteo por el hondo del camino. El mozo sacó de entre el retrotero de la cesta, la faca, un tomate y pan para hacer merienda, con los pensamientos de aquella noche que paso con los notables hablando de escritura.
En los árboles del palomar unos cuquillos se apareaban ajenos al paso del carro.

De pronto, la "Carbonera" dio un espanto poniéndose en manillas y rechivando las orejas hacia atrás. Dos hombres aparecieron detrás de las escamploneras del acirate dando gritos de alto y someterse a sus navajas.
- ¡Sin moverse¡, ¡Quietas las manos¡-. Gritó uno de los dos asaltantes con la jeta embozada en un tapabocas. ¡ La bolsilla!.

Obligó a sentarse a la buena hortelana mirando en dirección contraria a donde estaba el salteador, y poniendo la navaja en el cuello del mozo nieto le apremiaba a bajar las cestas de tomates y melones del carro. Entretanto, el otro bandido, desuncía la mula de forma desmañada y cerril.

Como si no hubiera pasado un relámpago, los malhechores dejaron atados a la rueda del carro a los de la huerta, colgaron y ataron las cestas a unas mulas escondidas detrás de las retamas, y huyeron llevándose la faltriquera de la Filomena, la hortaliza y la mula "Carbonera".

Sujetos a los radios de la rueda, junto al horcate, la entremantilla y los arreos, estuvieron más de dos horas la hortelana y Cazuela, que casi cae la noche.

Ventura hallaron del paso del tío Sebastián, el de la Dorotea de "Raba", que aquella noche no quiso quedarse de quintería, y venir por el mismo camino, dándoles encuentro.

-! Santo Cristo Santa Ana ¡..., Filomena, ¿qué es lo sucedido?, ¿ cómo esta tropelía que me hayo?..
- Asaltados y robados hemos sido por dos bandidos a cara cubierta. A espeje de faltriquera y mula nos han dejado..
- Sin tiempo a salir corriendo se abalanzaron sacando navaja. - Dijo Cazuela-.

El buen hombre desató a los dos, ayudándoles a incorporarse y tenerse de pie. - A fe que se han llevado la mula-, observó Sebastián-. Mejor será que nos aliviemos y acudamos a dar cuenta en el Concejo de este ataque.

Uncieron la mula, que en una subido había llegado el de la Dorotea, aunque muy prieta en los arreos de la "Carbonera", y dispusieron marcha hacia el pueblo, en intención de poner los hechos en conocimiento de la justicia.

El farol del Concejo encendido estaba ya, cuando se arrimaron a la puerta, hallándola cerrada. Cazuela dio varios golpes con el aldabón confiando que el Alguacil estuviera en su puesto. Presto, casi al momento, abrió la entrada el propio, preguntando a que esas horas se presentaban a la municipalidad.

-Con un caso nos llegamos-. Manifestó Cazuela, dando cuenta del quid-.
-¿Qué suceso es el acaecido?-. Cuestionó el de la justicia-.

La hortelana Filomena, el mozo, y el tío Sebastián, que en acompañamiento seguía, refirieron los hechos con gran detalle.
- Incumbencia impropia me resulta a las facultades que tengo en encomienda-. Contestó Liberato Pérez, habiéndose dado la peripecia en un camino-.
- Y, pues, ¿a qué justicias nos debemos ir en auxilio?-. Interpeló Sebastián al propio-.
- A la Santa Hermandad-. Contestó de primeras.
- Conozco a Melquiades, jefe cuadrillero, que acudió con los suyos la noche en que a usted mismo detuvo en el mesón de La Chela-.
- ¡No mal hables mozo delante de gente!. Gruñó el Alguacil-. Más, veamos, acta de denuncia escribiré haciendo constar la cuestión, que el alcalde vea mañana y él mismo de curso de averiguar sobre el acto cometido contra vosotros. A las segundas luces del día que viene, que el muchacho vuelva a este Concejo para terminar procedimiento. Ínterin, haré llegar aviso al jefe cuadrillero, para el mismo argumento.


Cazuela, que se estuvo durmiendo en el camastro de la cuadra, hizo aseo, almorzó una rebanada de pan con aceite y tomate, y habiendo echado un trago de giniebla se encaminó otra vez a la casa del Consejo por la Calle del Cristo, fijándose en que los luceros hacía ya tiempo que habían huido.
A la entrada de la casa consistorial, topó con el Alguacil, que le hizo pasar hasta donde estaban los regidores y alcaldes ordinarios, junto con el jefe cuadrillero Melquiades y uno de sus hombres. Los de la justicia viendo entrar al nieto de la Filomena, y habiéndose leído lo escrito por Liberato Pérez en atestado después de las vísperas, quisieron escuchar nuevos elementos sobre lo acaecido en el camino de Villacañas.

- Dos hombres consta que fueron los que os salieron al encuentro, robándoos las pertenecías y mula del carro-. Habló Melquiades-. ¿Conociste a alguno de ellos?-.
- Tapados llevaban los dos el rostro con sendos pañuelos-. Contestó Cazuela al cuadrillero-.
- ¿ Su estatura aparentaba alta o baja, gordos o flacos?. ¿Hallaste falta, tara o lunar en los asaltantes?-. Volvió a consultar Melquiades-.
- Poco hablaron, y a bramidos. El que dispuso la navaja en mi gollete tan alto como vos parecía, y de figura galga. El otro, que desaparejó a la “Carbonera” llegabale a los hombros, y los andares eran de pata de collera-. Enteró el mozo-.
- ¡Por los clavos de Cristo!, ¡réprobos sujetos, que no me son ignorados por sus fechorías!-. Vociferó el de la Santa Hermandad-.
- ¿Acaso son conocidos?-. Interrogó Hernán Vázquez-.
- Presos, de muchos asaltos y males creados, han estado. El mozo ha dado en la esencia sin tener erudición sobre los maleantes.
- ¿A qué tenor?-. Interpeló el alcalde Diego de Torres-.
-¡”Patas de Collera”!, ¡Si es su remoquete!-. Exclamó Melquiades-. ¡Sin torcedura por el camino con ellos daré!. ¡Una me deben!. ¡Jurado tengo por esta cicatriz en el brazo siniestro, que un día compensaran!. Esta señal llevo imperecedera, de una noche que a traición me sorprendieron sin la “Santiaga” camino de Talavera…

Este, y “Pichaencoge”, acostumbran abordar en los caminos y en ventas, refugiándose en la Sierra de Madridejos.

-Ea, no hay más que hablar, a mi cometido me encomiendo, que antes que tarde, de una golpalá de la “Santiaga” estarán apresados. A favor del aire solano parto con mis hombres.

Los de la justicia en sus quehaceres quedaron, el nieto de la Filomena regresó al Hondillo dando crónica a los suyos, y Melquiades, con su cuadrillero José Fernández Gracia, el de la pierna quebrada, en el mesón de La Chela hicieron parada para llenar de andorga esperando al otro compadre, Saturnino Malasaña.
Atardeciendo, habiéndose echado la siesta para rebajar el mojete y los tragos licor de hollejo, partieron cruzando los charcos de la calle La Vega, hasta llegar a camino Villacañas, en busca de “Patasdecollera”, “Navajarápida” y “Pichaencoge”.

Subidos en un caballo y dos mulas, pasándose estuvieron por casillas y quinterías, registrando las cuadras y corraletas, interrogando a gañanes y mayorales si por un casual hubiesen tenido tropiezo con los bandidos, de cerca o de largo.

Sin haber dado huella de los malhechores, Melquiades guiado por su olfato, decidió hacer cambio en su averiguación. Puso rumbo, con sus cuadrilleros, al Calaminar.

Transcurrieron las horas laudes, prima y tercia, y siendo casi el tiempo del ángelus, se presentaron en la aldea. Los campesinos andaban en sus faenas por los campos cercanos, menos una mujer que lavaba ropas a la vera del pozo. A ella se condujeron preguntando por “Pichaencoge”, por cuyo lugar dejabase ver, huyendo de las justicias en abusos cometidos por el mismo otras veces. Ella era, Carmen Gómez, de la quintería de Atanasio Beteta.

-Provechoso día tenga buena mujer-. Cumplimentó Melquiades-. Recelo no halle en esta cuadrilla. Gente paz somos, que en busca de salteadores nos andamos. ¿Ha acontecido algún hecho extraño por este lugar, o acaso, ajenos a estas quinterías ha visitado?.
- Mis ojos y orejas, que hayan visto o escuchado, no-. Contestó la moza.
-Preferible es entonces, si en sosegadas horas han transcurrido. Batida daremos en los contornos, mientras cae la noche. Que a no ser que mi instinto falle, a fe, que volveremos. Más, no narre de este encuentro con los cuadrilleros de la Santa Hermandad, que hasta los pájaros volanderos llevan revelaciones a quien no debe.
-Marche la justicia sin recelo-. Concluyó la mujer el diálogo-.


Alejados más de una legua, Melquiades y los suyos se detuvieron en el Camino del Infierno. Sacaron los saquillos, sentándose en un acirate con pensamiento de tomar bocado y sosegar la sequedad de garguero. Partieron un pan de kilo y cuarto, repartiéndose medio queso de mucha fama, procurado en casa de La Nona de Villa Franca, lechería honrada, donde las medías invariablemente se respetaban.

Fueron a las cuatro de la madrugada cuando volvieron a las casas del Calaminar. El presentimiento del jefe cuadrillero inspiró, que él mismo y sus compañeros, se apostasen en la esquina de una de las quinterías, acechando. Agazapados, quedaron en silencio.

Apenas habíase movido la luna de sitio, cuando sintieron ruido. Melquiades asomó la mollera. Detrás de un farol de poca luz, unas siluetas oscuras se movían. Eran tres sombras terrenales, asiendo tres animales. Cabalicamente se dirigían, por el descampado, hacia donde ellos se encontraban.
De un salto fiero, quedó frente a los que emergieron en la noche.
-¡Alto a la Justicia!-. Vociferó Melquiades-.
A tal grito, las mulas y un caballo de los que avanzaban, sufrieron espanto con relincho.
-¡No seré yo quien detenga mi paso!-. Voceó uno-.
-¡Alto a la Justicia!-. Repitió el cuadrillero-.

Cayó al suelo el farol, al instante que el desconocido arrojó un puñado de tierra a los ojos del militar. Este, en el suelo quedó con la vista enterragada. El que no quiso atender la orden de alto, saltó sobre aquel, empuñando una navaja que hizo brillo a la luz del astro de la noche. Yo soy “Navajarápida”. El silencio se hizo negrura. Melquiades, hábil y curtido en el cuerpo a cuerpo, se volvió boca arriba, colocando la “Santiaga” en defensa.
Un alarido se oyó. La espada había atravesado el pecho del malhechor, saliendo por la espalda. Nunca Melquiades pensó el provecho de un buen afile. En la tierra quedó el cuerpo exánime. Eran las cinco de la mañana.

Los otros dos, sin reconocer aún, huyeron entre las tobas.
-¡A mi Santa Hermandad!-. Gritó el jefe cuadrillero.-.

Saliendo José Fernández Gracia y Saturnino Malasaña detrás del esquinazo de una quintería, cortaron la desbandada de uno. Sujeto y preso, fueron a dar con “Patasdecollera”.
-¡Venacaquí!-. Agarró Melquiades-. ¡Quién es el otro!, ¡Dí, quién es el otro!.
-¡Favor, favor!-. Gritaba el apresado-. ¡Es “Pichaencoge”..., es “Pichaencoge”…!.
-¡Lo sabía, lo sabía…!-. Dijo el uniformado de verde.

Eran las cinco de la mañana.

Melquiades se sacudió el polvo con levedad. Se acercó a las mulas, y dijo:
-Esta es la mula de la Filomena. Y aquí está su faltriquera.

Ordenó a Saturnino Malasaña llegarse a Villa Franca, a dar cuenta de los hechos, y traer al lugar a la justicia ordinaria y eclesiástica.

-Malhechora ha sido la existencia del bandido “Navajarápida”. Mas, de obligación cristiana es que se le cante en estas últimas, el gorigori-. Se le oyó a Melquiades-.

Por Domingo Camuñas.

lunes, 9 de junio de 2014

"De los casos de escándalo: La excomunión"




A luz de vela escribió las letras en pliego el Prior Frei Alfonso. Fue carta de queja al Sr. Arzobispo de Toledo, con letra reche pero con pulso firme.
...Y queja elevo de la exigencia de la Primada, y solicito en estancia superior, se recurra a Roma si fuera necesario, y que desde allí se conmine al Arzobispo, a que no intente recibir ese tributo, ni entrometerse en la cobranza de diezmos, ya que pertenece sin discusión a este Prior de San Juan…
…Y queja elevo por la Parroquial, que en necesidad de reparos se halla, habiendo obligación de esa autoridad de aportar un tercio de los gastos que ocasionen las obras…
…Y queja elevo, que aflicción me causa, su obstinado mandato obligando a mis feligreses cobro y recaudación a beneficio de sus arcas por semillas nuevas y hortalizas. Sépase, que a mis parroquianos en sermón dirigido desde púlpito, advertidos tengo en encomienda de no proceder a tal pago, si estos no son almacenados en ganancia del Infante…
A luz de vela escribió las letras.

El sacristán hacía sonar la campana grande de la Parroquial. Era el primer toque. En los días de precepto se esmeraba en que tañera con cadencia y armonía. Los fieles, piadosos y devotos parroquianos afluían poco menos que próximo el tercero, siempre el toque más sereno.


En la Parroquial había mucho tumulto, la confusión llenaba todo el atrio. Por las calles contiguas comenzó a llegar mucha gente en alboroto. Tal era el vocerío que Frey Alfonso, en la sacristía se encontraba, acudió sin ceñirse el cíngulo del alba.

- ¡Silencio!, ¡silencio!.- Pedía el Prior, en busca de explicación de los aconteceres-. ¡¿A qué se debe este desorden?!.
-¡Al Santo Cristo nos encomendamos!-. Gritó uno de los de al lado.
- ¡¿Quien ha sido, quien ha sido?!-. Vociferaba otro-.
-¡Cristo de la Veracruz, ampáranos!.- Clamaba al grulle una mujer pidiendo favor y piedad-.
-¡Ha sido el Prior, ha sido el Prior!.- Afirmaba uno que en disimulo detrás de otros parroquianos acusaba.
-¡Esto es un penâero…!-. Exclamó Frei Alfonso.-

Entre zarandeos, el citado hizo que se procurara corro en su redor, suplicando sosiego. Se acercó a una piedra de la Iglesia donde una tablilla había sido colocada, sin saberse autoría. Fue, en esos instantes, estando pajizo, de discernir la razón de aquel caos.
En la tablilla colgada en la Parroquial, una letanía de nombres figuraba impresa con sello de la Primada. Todos ellos, sin acuse anterior, excomulgados.

No había lugar a duda, el Arzobispo se vengaba de la petición del Prior de no hacerle partícipe de los diezmos de semillas nuevas y hortalizas.

-¡Osten que apaño!-. Dijo Frey Alfonso, en desolación."

(Continua…….)

Por Domingo Camuñas

martes, 3 de junio de 2014

Cuentos de la Chela: Aconteceres. 1736



"La campana de la parroquial tocaba a transito. El sacristán las hacía sonar anunciando nuevas expiraciones durante todo el día.


El pobre hospital, de tan reducido, no tenía más cabida para amparar a la tal proporción de infectados de tabardillo, que hasta las cámaras, patio y corral se hallaban plagados de contagiados y agonizantes. El galeno medico de la Villa no daba abasto en atender a los padecientes de enfermedad ni atinaba a dar remedio al mal. Frey Alfonso el Prior, tampoco alcanzaba a dar responso y de si a todos los entierros y enterrillos que se producían. La justicia no sabía a dónde acudir de tantos colodrones que ya habían dado en busca del auxilio de sus vecinos.

Hallabanse en reunión al mes de julio, las justicias ordinarias, las médicas, y también las eclesiásticas en el Concejo de Villafranca en disquisición de encontrar remedio del mal de morirse de tantos vecinos, y de salvación de sus almas, de no poder remediarlo.

Los regidores, Hernán Vázquez y Rodrigo Manrique, hacían entrar en sofoco al médico del pueblo de tanto inquirirle medicina que detuviese la enfermedad que contraían cientos de hombres, mujeres y niños. Este, encomendado a sus saberes, pedía a San Lucas Evangelista iluminación en sus bebistrajos y medicamentos, sin hallar respuesta ni consuelo.

-Al Gran Prior debemos acudir de auxilio-. Habló Francisco Morales, el médico-. Otros galenos más sabios que yo han de procurarnos, si en verdad, parar esta sangría de almas suspiramos.

A todos los reunidos les estuvo bien la consideración del médico de la villa. Escribieron documento de socorro que firmaron los presentes, encargando su rápida entrega a Melquiades, el de la Santa Hermandad, conocedor de los caminos y sus atajos.

Antes de llegar el jefe cuadrillero, ya volvía con la respuesta de atender a la súplica del Concejo de Villa Franca."

Por Domingo Camuñas.

martes, 11 de marzo de 2014

El pleito con los molinos harineros del Ciguela (I)

Estandose en la huerta, el nieto de la Filomena, vio venir en concurrencia a varios hombres del pueblo. Llegados cerca de la casilla, saludó el mozo a la afluencia, pensando en su cabeza que extraños menesteres se habían de traer los mismos, subidos en mulas y con herramientas propias de cavar.
Descabalgados, pidiendo permiso, dieron agua a los animales. Gente de la justicia y otros vecinos, conocidos por Cazuela, eran los presentados que se acudían a la presa del molino de Esteban Fernández.
-Notables son los hombres que han venido-. Dirigiéndose el de la Filomena a Ruy Mimbarrejón, por más confianza. -Remedio último es el que nos traemos-. Dijo Ruy-. En días pasados me detuve en esta huerta, si recuerdas, viniéndome de la zona de la reja del río Ciguela. De vigilar el estado del cauce del mismo era mi comprobación. Múltiples quejas en documentos escritos se han enviado a las justicias concernientes, sin haber recibido respuesta alguna. Mucha fatiga es esta, la de acudir a la jurisprudencia de la ley, sin ser atendida la causa justa que dicen que amparan. Harto se haya el pueblo y su consejo con este proceder. Los del molino harinero de Esteban Fernández, el que queda frente a la reja, tapado y desviado tienen el río, cortando sus aguas, llevándolas al propio molino suyo, sin dejar ni una gota a las lagunas y la dehesa, ni discurrir las propias por la madre del rio. La pertenencia del término es de Quero, regentes son de Alcazar, y amos los de Consuegra. No aviniéndose a las justas demandas, el único socorro es el que nos procuremos nosotros a una. Allá nos vamos, con estos que conoces, Alonso Hernández, con los regidores, Hernán Vázquez y Rodrigo Manrique y los alcaldes, Francisco Martínez y Diego de Torres, a romper la presa del molino, para que el agua discurra por su curso natural, vierta al caz, y llene las lagunas. Así ha sido desde inmemorial tiempo, y razones honradas nos asisten. Letrados nos llaman, en disimulo, los de esos pueblos; más la ignorancia les hace torpes, si no alcanzan a saber que ya Enrique III dictó en legislación, mandando que cualquier Concejo o persona particular, que cerrare o embargare las canales y los ríos, que entran en los términos de las ciudades y villas fueren sancionados en su justa condena. No habiendo riña, antes de las vísperas será nuestra vuelta por este camino. Si más tarde apurados nos viéramos, hacer noche y quintería nos complacería hacer en tu casilla.
-Obligado y complacido quedaría, y a seguro que mi abuela no pondría impedimento. A resguardo se estarían, las mulas en la corraleta contigua, con pienso, cebada, y agua para cada una-. Contestó Cazuela-.
Partieron todos estos hombres hasta el molino harinero de Alonso Díaz, propietario del mismo, con pocos hablares. Desde la hora del ángelus hasta llegadas más allá de las vísperas cavando y sacando tierra anduvieron sin apenas detenerse en la labor. Trocaron todo el taponamiento de la presa hecha por los molineros, hasta dejar el cauce propio del rio en su estado innato, sin dejar que los sirvientes de Pedro Díaz, hijo de Alonso Díaz, metieran baza por ser menos que los de la Villa Franca, viendo que cuenta no les traía buscar pendencia.
Escondido estaba ya el sol, cuando resolvieron volver al pueblo. Estandose de regreso, retornaron por sus pasos de nuevo hasta la huerta de la Filomena.
El nieto, tal como había hablado con Ruy por la mañana, continuaba en el lugar, con la mula “Carbonera” entrada en la cuadra de la casilla.
-De noche se ha hecho, Ruy-. Saludó a los que retornaban.-
-Apurados nos hemos estado hasta dejar que el agua del río corra otra vez por el caz-. Respondió al saludo Alonso Hernández, siempre al lado de su compañero Mimbarrejón.-
-Las mulas descansadas se encuentran, más nosotros, rendidos hemos ultimado-. Habló Diego de Torres, el otro alcalde ordinario-. Más amparados quedaríamos si pasamos noche aquí, que descanso necesita mi figura. -Quédense como en su casa, procuren agua a las mulas, y si de comer es su apetencia, tomen lo que precisen de las matas de la huerta, que tres panes de kilo y cuarto hay adentro-. Invitó Cazuela-.
Dicho y hecho, instalando a los animales en el corral, se aposentaron dentro de la casa de la huerta, unos en los camastros, y otros recostados en las albardas y aparejos. Diego de Torres como un sopón quedó con tentar el jergón, a la vez que Hernán Vázquez y Rodrigo Manrique. Los demás, en casquera anduvieron un rato junto a la lumbre del fogón echando unos tragos de vino.
Estaban todavía las estrellas en el cielo y todos dormidos, cuando la puerta de la casilla pareciose que iba a abatirse al suelo.
-¡Por la vida del matacandil!-. Clamó sobresaltado Cazuela-.
-¡Abran la puerta a la Santa Hermandad!-. Se advertía fuera de la casilla.-
-¡Por el Santismo Cristo de Santa Ana y mi otra abuela Dorotea!, ¿¡qué es esto?!.- Voceó el de la huerta.- ¡Rayos de barriga y zangarriana me entrarían de no estar acompañado de la justicia y los otros hombres!-. ¡Voz de cuadrillero de quien sea, si de verdad son los mangas verdes quienes llaman!.
-¡Raudo abran la puerta los que dentro se estén a la obediencia de Melquiades Fernández de Avilés!-. Gritó el jefe cuadrillero-. Descerrojó la entrada a la casilla el nieto de la Filomena atendiendo el requerimiento de los que aporreaban.
-¡Tente quieto, y los terceros quédense sin remover, al sometimiento de la “Santiaga”!-. Ordenó Melquiades avisándoles del buen filo de su espada-.
-¿Otra vez, señor cuadrillero, nos encontramos?. ¿A qué estas voces y proceder en esta huerta?.- Preguntó Cazuela-. -¡Sejate mozo aguardando sin entorpecer la indagación de la Santa Hermandad!. Mandamiento de detención traigo en documento extendido por los alcaldes y del Regimiento de Alcazar. A fe, que la búsqueda no ha sido en vano de encontrarme aquí a tantos presentes y tan cerca del sitio de la fechoría cometida.
-¡Tente cuadrillero a los regidores y alcaldes de la Villa Franca!-. Procuró Francisco Martínez-. ¡Justicia y hombres buenos del pueblo somos!.
-¡Será, más la única ley ahora está en la captura y encierro de los culpables del delito, hasta que la justicia de Consuegra manifieste lo contrario!-. Silenció Melquiades-. ¡De camino!-.
-¡Qué desmán!.- Dijo Cazuela-.

-¡Tú, también, de camino!-. Sentenció el de la Santa Hermandad-.

                                                                                                     Por Domingo Camuñas.

jueves, 6 de marzo de 2014

La mesa oscura.

Permítanme ustedes que plagie por un instante a mi amigo Julio “Mhyst” y lean con atención el presente escrito, publicado el pasado día 09 de agosto de 2009 en el blog algo abandonado que tiene mi buen amigo Julio titulado“El Dragón en la torre”.
Sepan que la mesa en cuestión aunque sabia de su existencia y sabia su digamos, siniestra función, había pasado para mi inadvertida y totalmente indiferente hasta la lectura del para mi genial escrito del autor.
Lean, lean si se atreven aunque les advierto, que la próxima vez que vean el mencionado mueble, tal vez lo miren con otros ojos.

Hay, en la ermita del Cristo, una mesa oscura. Pasa las más de las horas apartada en un oscuro rincón. Las miradas, aún encontrándola, la evitan. No es mesa extraña de por si. Es sólo una mesa vieja, con tantas capas de pintura y barnices que ya jamás se trasluce el color de la original madera que le diera vida y forma hace, nadie sabe cuanto. Si se la contempla cualquier día, desde la ignorancia, parece una mesa cualquiera. Vieja, ajada e indolente al papel que al destino plujo encadenarla. En cambio, cuando distraído niño pasea su despreocupada vida por el rincón dónde duerme, esperando, tal mesa; si a tocarla alcanzara, no hay madre que no se apresure a tomarle la mano y llevarselo lejos. A inexpertos ojos, tal parece que la mesa está vencida de vieja y que a tal razón obedece el abandono que sufre, en tan húmedo rincón, adonde nadie se acerca ni osa encaminar sus pasos si no es con miedo y reparo. Pero los más viejos saben que la mesa está retiesa y llegado el señalado día sabe cumplir su función postrera. Cuando doblan las campanas por un vecino, de la misa al cementerio, es costumbre hacer parada en nuestra ermita del Cristo. Allí preparan la mesa y depositan en ella el féretro con el muerto. Suenan cánticos y rezos, y pronto todo se acaba. Sigue el funebre cortejo. El Cristo se queda sólo y en su rincón del olvido, la mesa, sin un suspiro, queda aguardando su siguiente presa.

                                                                           Por Julio Serrano

domingo, 23 de febrero de 2014

Relato :El Portento.

A petición del amigo Domingo Camuñas al que todo el mundo conoce como el Tío cazuela, que por cierto el otro día me tacho de siniestro por recopilar crímenes antiguos y hechos oscuros sucedidos en la Villa-franca, transcribo esta noticia hallada en la Biblioteca Histórica Nacional, no sin antes recordar al mencionado Cazuela, que las buenas noticias lamentablemente no son noticia, y que llama la más la atención un garbanzo negro en un cocido que el resto de los garbanzos.

Periódico La España. Miércoles 28 de febrero de 1868.

Un portento: Leemos en un colega:
Existe en Yébenes un joven natural de Villafranca de los Caballeros, llamado Saturnino Gimeno Alejo, y reducido por cierto a una humilde condición que es un fenómeno en materia de memoria pues por cualquiera de las paginas de los 16 tomos del Diccionario de Madoz que se le pregunte, da una pronta, rapidísima y exacta contestación. Es de advertir que ni edad tiene para haberlo podido leer, cuanto más para retener en su memoria, pues apenas cuenta veintitrés años.”

Tengan en cuenta que en aquella época no existía Teta Cinco, ni ningún otro medio que turbara el seso y el entendimiento, ya me habría gustado ver al tal Saturnino las ganas que le hubieran quedado de leer "El Madoz" después de una ración de "Hombres, mujeres y viceversa".
Ahora bien leído esto, ¿que leches era el Diccionario de Madoz?, pues según la Wikipedia, se trataba de lo que a continuación se detalla:


El Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar es una magna obra publicada por Pascual Madoz entre 1846 y 1850. Compuesta por 16 volúmenes (Madrid, 1845–1850), analiza todas las poblaciones de España. Supuso en la época una mejora importante respecto al Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal, que había terminado de publicarse en 1829 por Sebastián Miñano.
También conocido como «el Madoz», es una obra a la que según su propio autor, se dedicaron 15 años, 11 meses y 7 días de trabajos literarios. En esta tarea le ayudaron más de mil colaboradores y veinte corresponsales: «No soy yo el autor del Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico: esta gloria corresponde a tantos y tan distinguidos colaboradores que he tenido en todas las provincias y a los buenos amigos que han trabajado en las oficinas de mi redacción, cuyos nombres, los de aquellos y los de estos, figurarán con los de los corresponsales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en lugar oportuno; corresponde a todos los Gobiernos que se han sucedido desde 1836 hasta el día, porque todos sin distinción de colores políticos, han secundado noble y lealmente mis esfuerzos».
Esta obra todavía es consultada por los historiadores, investigadores y arqueólogos, ya que contiene interesante información sobre ruinas, restos y posibles yacimientos arqueológicos con la descripción que en aquel entonces éstos presentaban.


En la Biblioteca virtual Miguel de Cervantes también se describe como:


Autor/a: Madoz, Pascual (1806-1870)
Título: Diccionario Geografico-estadistico-Historico de España y sus posesiones de Ultramar por Pascual Madoz ; tomo II, [Alicanti-Arzuela]
Edición original: Madrid : Imprenta del Diccionario..., 1849
Descripción física: 615, [3] p. ; 27 cm
Nota general: Antep.. Port. grab. xil. Alegórica. Texto a dos col.
Citado en: CCPB000082908-0 Repositorio DIGIBUG
N. sobre edición original: Reproducción digital del original conservado en la Biblioteca de la Universidad de Granada.
Encuadernación: Pasta
Núm.registro: 06552
Olim: 2-29-6628
Entrada secundaria: Imprenta Diccionario Geografico-estadistico-Historico
Materias: Encabezamiento de materia
Lugar de publicación: España. Madrid
Idioma : castellano



Post. Dedicado a mi amigo Domigo Camuñas “ El Tío Cazuela”.

martes, 18 de febrero de 2014

Historia negra de la Villa-Franca: El horrible año 1929.

He leído algunas entradas en Facebook sobre lo pésimo que fue el año 2013, y la verdad es que en cuestiones de economía, tanto de la macro como de la micro, y para ciertas instituciones y si no que se lo digan a la Casa Real, no ha sido un buen año.
Pero investigando en los polvorientos archivos periodísticos, la verdad es que para la Villa-Franca, el 2013, comparado con el año 1929 no ha estado mal del todo.
¿Que no lo creen?.Pues lean lo que a continuación se detalla:

Periódico: La Voz, 06 de enero de 1929.
Toledo.
Un niño mata a otro niño de un tiro.
Toledo 5.-En los Silos de Ronda, del término municipal de Villafranca de los Caballeros, en niño de nueve años Teodoro, que jugaba con una escopeta, apunto a Feliciano Cabezas.
El arma se disparo y el tiro alcanzo a Feliciano que cayó al suelo muerto.

Periódico: El Telegrama del Rif. 22 de marzo de 1929.
Apuñala a su esposa mientras dormía.
Toledo 21.- En Villafranca de los Caballeros, el vecino T.L apuñaló a su esposa cuando esta se hallaba dormida .
La produjo gravísimas heridas en el pecho, de las que se teme que fallezca.
Se ignoran las causas que le hayan llevado a cometer la agresión.


Periódico: La Libertad. 22 de marzo de 1929.
Quiere matar a su mujer.
Toledo, 21- En Villafranca de los Caballeros, T.L.P, de veintisiete años apuñalo a su esposa E.T.P de veintitrés años, hallándose esta descansando, produciendo heridas gravísimas en diversas regiones del vientre. El agresor recorrió después varias casas de parientes, ocultándose en el corral de una era en los extramuros. Se ignoran las causas.


Periódico: El Noticiero Gaditano. 15 de noviembre de 1929.
Vista de una causa interesante.
Toledo-Comenzó la causa instruida contra T.L.P, que en Villafranca de los Caballeros, agredió a puñaladas a su mujer E-T.P, que se encontraba embarazada.
Eusebia falleció catorce días después y hoy el fiscal califica el delito de parricidio, pidiendo para el procesado la pena de muerte.

Periódico:El Luchador. 15 de noviembre de 1929.
Una pena de muerte.
Toledo, (teléfono).- Ante la Audiencia, con cinco magistrados, por la importancia de la petición fiscal, comenzó la vista contra T.L.P que en Villafranca de los Caballeros hirió a su esposa E.T.P, por desavenencias matrimoniales.
Con una navaja le produjo cuatro heridas en el vientre, con salida de masa intestinal, hallándose embarazada, y a consecuencia de las heridas falleció catorce días después.
El fiscal estimó el hecho de parricidio, y pide la pena de muerte para el procesado.
El defensor considera que es un delito de lesiones graves y aduce para el procesado la irresponsabilidad.

Periódico:El Telegrama del Rif. 15 de noviembre de 1929.
La pena de muerte para un parricida.
Toledo 14. En la Audiencia ha comenzado a verse la causa seguida contra T.L.P de Villafranca de los Caballeros que durante la celebración de la feria, hirió gravemente a su esposa con una navaja, muriendo esta catorce días después .
La víctima se hallaba en estado de gestación.
El fiscal pide para el procesado la pena de muerte, y el defensor aboga por la absolución de su patrocinado, alegando que es irresponsable.


Ciertamente el 21 de marzo de 1929 no se celebro la feria en la Villa-Franca, creo que tal vez fuera Semana santa, pero no me digan ustedes, que para un pueblo chico el 1929, no fue un año movido.

martes, 11 de febrero de 2014

Relato: De los miedos, vergüenzas y desvelos de Melquiades.

Se removió Melquiades inquieto en el Jergón, estaba totalmente bañado en sudor, negras pesadillas habían atormentado su mente.
Termino por levantarse y dirigirse hacia la humilde cocina, allí siempre había dispuesto un puchero de achicoria, mientras lo ponía a calentar en un fogón de la cocina, encendió un cigarro y se sentó a esperar en una silla.
Había soñado de nuevo que tenía veinte años, se encontraba en el sitio de Flevo, sirviendo en el Tercio Viejo bajo las ordenes del Duque de Espinola, en aquella época, Melquiades todavía se asombraba de los horizontes rojos y negros debido al incendio de granjas y pastos, y al hedor que desprendían hombres y bestias muertos, que eran festín para moscas en los margenes de los caminos, cosas de la guerra le decían los veteranos.
Soñaba con una noche en concreto, regresaba junto con unos compañeros de una “encamisada”, en la que había degollado no menos de tres herejes, se dispusieron para pasar la noche en el pajar de una granja a las afueras de la población.
Allí Melquiades contemplo una escena que se quedaría marcada a fuego en su memoria, había en el suelo un rufián, que con el calzón bajado intentaba abusar de una chica, seguramente hija de los dueños de la granja.
Al ver la escena Melquiades ni corto, ni perezoso, largo tal puntapie a las nalgas del mencionado que este rodó por el suelo, el ofendido preso de ira asió presto la espada, pero al contemplar a Melquiades con los ojos entrecerrados, una mueca cruel dibujada en los labios, la mano izquierda sujetando la vaina y la derecha en el pomo de la propia se lo pensó al menos dos veces y como todos los de su calaña salio corriendo con el rabo entre las piernas, para risa y mofa del resto de compañeros del tercio que contemplaban la escena.
Entonces Melquiades al ver la vestimenta del individuo llena de lazos y calzando ricas botas, se dio cuenta de dos cosas: que aquel fulano era de origen noble, hijo o pariente de alguna persona principal y que por tal acción, a Melquiades en aquella brisca le pintarían bastos.
La chica no tendría más de diecisiete años, el pelo dorado como la mies madura, piel blanca y unos ojos de color azul claro, Melquiades con un gesto le indico que se arreglara la ropa, y marchara,
Después se supo que el culo pateado correspondía a un miembro de la nobleza española, emparentado de forma lejana con la Casa Real, por tal motivo Melquiades fue arrestado y condenado a recibir diez bastonazos en la espalda como castigo ejemplar por patear tan regias posaderas, aunque estas tuvieran como dueño aun cabrón redomado.
Melquiades fue atado por las muñecas a la rueda de un carro, desnudo de cintura para arriba en la plaza del pueblo, el castigo era público, el Tercio estaba formado y la gente se agolpaba en rededor de la plaza formando un corro siniestro.
Melquiades vio al del culo pateado en las primeras filas, mesándose el fino bigote, riéndose de la situación, las vueltas que da la vida una semana más tarde Melquiades le volvería a ver en el momento en que expiraba con las tripas fuera y los ojos vidriosos boqueando como un pez fuera del agua, fruto del error de un artillero hereje, que apuntando a vanguardia de la formación, la granada fue a caer a retaguardia donde solía medrar el fulano en compañía de los de su clase, en esos momentos el hipeputa reía menos, eso también son cosas de la guerra como dirían los veteranos del Tercio.
Entre el gentío, Melquiades vio a la muchacha, y mientras el verdugo aplicaba el bastón sobre sus magras costillas, miro a sus ojos de cielo buscando algún gesto de agradecimiento que le sirviera de consuelo, más no hallo en ellos nada más que un rencor y un odio infinito, reflejado en el frío glacial con el que le devolvió la mirada.
Después le dijeron, que cuando cuando pasó aquello colgaron al padre y acuchillaron a la madre de la muchacha, para después robar e incendiar la granja donde vivían, cosas del saco que dirían los veteranos.

Melquiades dio una larga calada al cigarro, mientras apartaba el puchero del fogón, pensó que si la muchacha sobrevivió a la guerra y a la posterior hambruna tendría más o menos su edad, se pregunto entonces si recordaría ella el hecho con el mismo rencor, que con la vergüenza con la que lo recordaba él.

viernes, 7 de febrero de 2014

Texto anónimo encontrado en el encamarado de la casa del llamado Julián de Maroto

De las primeras noticias de Miguel, el de Cervantes y La Chela de la VillaFranca. 

"Fuera la casualidad o el destino quien le llevara a un lugar llano, surcado por un río, el Riato, donde en su ribera destellaban las casas; en una de ellas, a las afueras, descubrió que era mesón y posada. Aquella persona de gallarda figura y robusta complexión consideró que dicho lugar era de retiro y asueto, donde podía desarrollar sus otros menesteres, aprovechando que no muy lejos de allí florecía un inesperado oasis que le ofrecía el sosiego de alma, clarividencia de letras y en verano refrescantes baños que sin saber porque, esa mano de manco encontraba mejoría.
Allí cogió aposento, lejos de las algarabías, donde una mujer mesonera, de volumen deseable, robusta en las formas y de mangas en remango, consagrada a su trabajo y nada melindrosa atendía a nobles y caballeros, villanos y bandoleros, donde todos tocaron suerte, mas ninguno la obtuvo en suerte.
Casi siempre estuvo tapado con capa y sombrero. Su lugar, en un rincón bajo el rayo de un sol certero. Sus noches, siempre bajo la luz de del candil que mezclaba aceite y torcía. Una silla y una mesa, la primera desvencijá y la segunda coja. Ambas dos y el tres, parecieron siempre ser el acompasamiento perfecto, en el que entre papeles, pergaminos, escritos emborronados, otros a medio escribir y los más ya numerados, trazaba las aventuras más sorprendentes que nunca jamás fueran contadas.
Cuantas noches miro sus formas, cuantas veces trato de descifrar su mirada, interpretar sus roces o entender el significado de su prestanza a animarle a seguir tan aventurosos libros. Ella entre idas y venidas, acercaba jarras de vinos de la tierra con aroma de azafrán, sonreía y se agitaba pero a todos sujetaba. Pan caliente, lechones, liebres, conejos y todo tipo de volandería hacían las delicias de sus comensales, sin olvidar en su época el exquisito breve de tenca y arrope en sus postres.
Cuantos de aquellos visitantes de extensas jornadas doloridas, recibieron ungüentos en sus pies y gratificantes friegas de aceites en los músculos. Fue tal su fama, fue tal su buen menester que todos los que cerca pasaban allí se aproximaban.
Retos, duelos, apuestas y deseos. Hubo quien no quiso ver en aquella mujer, versada en el duro vivir cotidiano, una mujer hecha y derecha, donde el trabajo y la lucha fue su diario.
Fue el aroma de su perfume, sus miradas, sus cabellos y gestos que, aun siguiendo cumpliendo en sus quehaceres, fue objeto de disputas, de bulos y blasfemias en aquellos otros lugares. Lugares donde la ponzoña por el no fornicio conseguido, calumniaron en barragana y pendenciera aquella mujer mesonera por el tributo no conseguido.
Uno y otra abstuvieron fama reconocida y por ser lugar más de motes que de nombre uno fue nombrado por “Manco de Lepanto” y la otra “La Chela”. Ambos fuertes y valientes, curtidos en mil desdichas que les han hecho saber que el corazón no manda en su vida, por ello, él, nunca quiso poner el nombre del lugar en aquel libro que fama inimaginable se alzó “En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre no quiero acordar”. Ella, mujer fuerte y valiente, mujer luchadora, no le preocupó aquellas maledicencias, y por encima de las calumnias y humillaciones, extendió a sus generaciones aquella casta de genio y figura. Mujer donde sus lágrimas son el comienzo donde otros abandonan. Mujer que supo romper barreras sociales, con honradez, humildad y trabajo. Que ni asustabale la dureza de la casa y del campo. Vivaz y desenvuelta.
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Texto anónimo encontrado en el encamarado de la casa del llamado Julián de Maroto

                                                                                                    Por Domingo Camuñas.