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Después
de escuchar los últimos audios de converso72 en relación a su
proyecto isla.vidasenred.com, uno se imagina una isla paradisíaca
donde poder hacer un “uso justo” de las obras universalmente
accesibles a través de Internet en otros sitios sin miedo ni peligro
para propios o ajenos. Tal es así que ya llevo tiempo esperando que
el susodicho ponga a término su proyecto.
Pero
parece que la idea que todos tenemos en mente dista mucho de lo que
converso piensa; pues no en vano, en algunos de sus podcasts,
menciona pasaportes y DNI; y parece que pretende registrar a todo
hijo de vecino que quiera hacer uso de la isla. Cosa que no entiendo.
Esto y otras cosas dichas por él con anterioridad, me hacen dudar de
la final y práctica utilidad de su, por otra parte aclamada, isla.
La
primera cosa que deja entrever una y otra vez al hablar de la ISLA de
marras es MIEDO, mucho miedo. Ya que él quiere hacer una serie de
operaciones (descargas de contenido objeto de copyright) que cuando
menos constituirían una infracción a la ley de propiedad
intelectual; si no, según la legislación de otros países, un
flagrante delito por el que podría ser procesado al igual que Kim
Dot Com (que Dios se apiade de su alma). Ojo, no confundir con Kim
Jong Un, ya que este tiene una bomba de hidrógeno y acojona
bastante.
Lo
primero que tendría que haber hecho, antes de suplicar la ayuda de
su amigo Thordor, es llamar a un abogado, letrado en asuntos de
Internet y en derecho internacional, que estudiando la confusa ley de
propiedad intelectual sepa encontrar un modo de burlarla al igual que
buscar alguna fisura que permita escapar también a la regulación
europea/estadounidense (no sea que nos manden al F.B.I. y la
jodamos). Conseguido esto, necesitaría de un desarrollador solvente
y pagado (¿quizá por un crowdfunding?).
Sin
estas garantías, ¿en qué se amparan las esperanzas de converso72
para ver finalizado su proyecto? La respuesta es LA REPÚBLICA DE
SINGAPUR. Un bello país formado por sesenta y tres islas ubicadas en
el sudeste asiático. Ya que es ahí es donde se ubica el servidor
físico, propiedad de la compañía Digital Ocean, donde se aloja la
ISLA. Con esta precaución de tener el servidor pecador fuera de las
Españas, pretende escapar de la larga sombra de la legislación post
SINDE. Pero he te aquí que ha ido a poner nombre a su isla en un
subdominio de vidasenred.com, el cuál tras consultar el consabido
registro whois (si no saben a lo que me refiero, les aconsejo
consulten a nipegun), ha revelando harta información sobre su
propietario (con pelos y señales, Iglesia Alfa y Omega incluída).
Creo yo que con esto, y por muy torpe que sea la autoridad
competente, lo pillan fijo.
Sirva
hasta aquí este torpe relato para narrar los sueños y anhelos de
converso72 compartidos íntimamente por el abajo firmante. La triste
realidad es que isla.vidasenred.com actualmente no es más que un
humilde blog de WordPress con apariencia noventera (ya que su interfaz recuerda
mucho a los juegos de arcade con esas dos antorchas coronando la
página). Falto de contenidos y sobre todo de archivos descargables
dignos de mención.
Y
como a perro flaco todo son pulgas, este tristísimo dueño quiere
nos poner, en palabras de Lázaro de Tormes, DNI y pasaporte a todos
los aldeanos (isleños) para que si alguno ha de buscar con qué
entretenerse haya más a quién culpar de la fechoría.
Para
terminar, ciertamente diré que converso72 ha sido para mi un
referente a seguir en mi vida. Aunque ahora lleve algún tiempo
fallando más que una escopeta de feria. Me explico: en ello hago
alusión a sus recomendaciones literarias, televisivas y
cinematográficas, no perdonándole su efusiva defensa de Mr. Robot
(peñazo total) y de Los hombres que susurraban a las máquinas
(libro de referencia de otros libros del mismo autor en donde los hackers y otras criaturas inteligentes de la escena brillan por su ausencia).
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