viernes, 20 de diciembre de 2013

Relato: De Cuando Melquiades “El Cuadrillero”, tuvo recado de las apariciones de la Dama de la curva en la Villa-Franca.

Absorto en sus pensamientos se encontraba Melquiades Fernández de Avilés Jefe Cuadrillero de la Santa hermandad Vieja de Ciudad Real, , sentado en una mesa del Mesón fumando un cigarro, al amor de una taza de achicoria, cuando entro corriendo en el lugar, el nieto de la Tía Filomena, al que en la Villa-Franca, apodaban Cazuela, era un jovenzuelo este, vivo de genio, y de seso despierto, que andaba casi siempre entretenido en la pintura, ya que estaba la más de la veces emborronando pliegos con un tizón de sarmiento.
*Cazuela – Señor Melquiades, acuda presto vuesa merced al consistorio, ya que traigo recado del señor Alcalde que allá se haya junto al señor Cura, y el Alguacil de la Villa, para tratar con Vos, no se que historia de fantasmas y aparecidos.   
Apuro entonces Melquiades la taza de achicoria, y dando una larga calada al cigarro así le dijo al chicuelo. 
*Melquiades -Cazuelilla, ten la bondad de acudir presto a la casa de Saturnino, y le dices, que me espere junto a la puerta del Consistorio a fin de recibir nuevas tras el parlamento con los principales.
Se acerco Melquiades, al consistorio, y al entrar en el despacho, hallo al Alcalde, junto con el Cura, y de pie junto a ambos se hallaba Pancracio, el alguacil de la Villa, con gesto asustado.
*Melquiades – Buenos días tengan vuesas mercedes, y dirigiéndose al Alcalde , le pregunto ¿Su Excelencia dirá a que viene tanta premura?. 
*Alcalde – Buenos días, tengáis vos Señor Jefe Cuadrillero, le convoco, en aqueste lugar, junto al Señor Cura Párroco, y el señor Alguacil, ya que al parecer tenemos en la Villa-Franca un problema serio. El caso, es que desde hace tres días a esta parte, al menos cuatro o cinco parroquianos de aquesta Villa han dicho que han visto a una aparecida en la curva del camino que le llaman de “Bajo-Camuñas” a la salida de la Villa-Franca. 
*Melquiades -¿Aparecida?. 
*Alcalde -Los testigos la describen, portando un candil y envuelta en blanca mortaja, que se cruza, en la dicha curva en las primeras horas de la madrugada, ante la visión espantada de los testigos. 
*Alguacil -Dicen que anda sin que sus pies toquen suelo y tiene rostro demoníaco. 
*Melquiades - ¿Demoníaco?, esto parece ser asunto de la Iglesia, ¿O no? Padre. 
*Frei Alfonso – La Iglesia no tiene tratos con demonios y menos en descampado. 
*Alguacil -Eso, eso,  su Paternidad dice bien, en descampado, este asunto pasa a ser obligación de la Santa Hermandad. 
*Melquiades – Por lo que vuesas mercedes dicen, el fenómeno se produce a la salida del pueblo, así que veo discutible, que el Alguacil no se implique.
El Alguacil, con el rostro demudado y blanco como la cera dijo entonces.
*Alguacil- Señor Melquiades, ¡la curva esta en descampado!, ¡La curva esta en descampado! dígaselo si no su Excelencia, señor Alcalde. 
*Melquiades -¡Pancracio! dijo dirigiéndose al Alguacil, téngase tranquilo vuesa merced, que no es cuestión de manchar el cagalar del calzón en aqueste lugar acompañado de personas tan principales de la Villa, no sea el caso de ofender tan ilustres olfatos. 
*Alcalde -Decidido esta, Señor Melquiades, el asunto pertenece a la Santa Hermandad. 
*Melquiades- Queden todos tranquilos, que los de las “mangas verdes” se implican en tan extraño asunto. Aunque si he decirles, que cuando serví en Tercio Viejo, en el sitio de Flevo, un camarada gallego, me dijo, que allá en su tierra, cuando un cristiano veía aparecidos, que aquellos lugares llaman Santa Compaña, el cristiano en cuestión era finado antes de acabar el año.
En ese momento el Alcalde, el Cura y el alguacil, a la vez se santiguaron.
*Alcalde – Le deseo mucha suerte a vuesa merced, señor Melquiades. 
*Melquiades – A propósito Excelencia, dijo Melquiades refiriéndose al Alcalde, aprovecho para recordarle la solicitud de subvención, para uno de mis hombres, José Fernández Gracía, que se encuentra con la pierna quebrada, ya que en su casa no entra más ingreso, que el magro jornal de la Santa Hermandad, que su Excelencia en su sabiduría ha venido negando. Tómelo su Excelencia con lo que podría ser una de las ultimas voluntades de un soldado viejo fiel servidor de su cargo y oficio. 
*Alcalde – Por supuesto, y dígame vuesa merced ¿a cuando asciende la suma?. 
*Melquiades – Creo yo mesmo, que con dos mil reales de vellón bastarían hasta que sanara la pierna quebrada.
En ese momento el Alcalde presuroso, abriendo un arcón, le proporciona a Melquiades una bolsa con la suma acordada.
Melquiades al salir del Consistorio, con una sonrisa en el rostro con ayuda de mecha y pedernal se enciende un cigarro. En la calle lo espera Saturnino con el hombro apoyado en una esquina y con la mano derecha descansando en el pomo de la espada.
Melquiades, lanzándole la bolsa con los dineros a Saturnino le dijo así.
*Melquiades -Tenga la bondad vuesa merced de llevar aquesta bolsa a la casa de José y dígale a su esposa Catalina, que guarde sabana y candil, que aquesta noche no los ha de necesitar. 
*Saturnino- ¡Voto brios!  Melquiades, cayo el gato en la talega. 
*Melquiades- En la talega cayo, y vea vuesa merced, dijo a Saturnino, mientras se reía, ¡que saltos pega!.


1 comentario:

  1. ....que curioso que siempre los ilustres olfatos tienen una bolsa de dinero presta para que le solucionen los problemas....

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